divendres, 14 de novembre de 2008



Azotados por el húmedo viento del Atlántico, los acantiladote Moher impresionan por su dramático paisaje. Llamados originalmente Aillte an Mhothair (acantilados de la ruina), son famosos en el mundo del cine por su aparición en la película La Princesa Prometida, simulando los populares Acantilados de la Locura.

En sus 8 km de largo, la altura oscila entre los 120 y los 220 metros sobre el nivel del mar. En una de sus zonas más elevadas, se encuentra una pequeña torre que domina el paisaje, y desde la cual en los días claros (que son los menos) se pueden divisar incluso la islas de Aran. Para llegar al acantilado se accede por un camino señalizado, que sale de un parking y lleva a una de las zonas donde el paisaje es mejor. Antiguamente se ir hasta el mismo borde, en una zona cubierta por piedra de pizarra, desde la cual se podía observar muy de cerca la caída hasta el mar. Hoy en día esta prohibido y hay una pequeña valla (que los más osados pueden saltar). Un sendero sale hacia la derecha en dirección a la torre O’Brien, y otro hacia la izquierda. Este es un paseo muy agradable por los prados que bordean la costa, y aunque es propiedad privada, mucha gente lo hace saltando los pequeños cercados. Y después de percibir todo el encanto de la Isla Esmeralda, el verde de sus praderas, su cielo gris y melancólico, el eterno olor a agua marina. Después de haberse sentido uno pequeño y frágil, junto a la inmensidad de este sitio, no queda otro remedio que tragarse una buena pinta de Guiness.